Café 🌿
Un cuento de autoria, en dónde los dioses tienen formas gatunas 🐈 mientras batallamos internamente
Se entretiene con algún libro mientras bebe la rutinaria taza de café quemado y amargo de todos los días. Durante mis primeras visitas, me sorprendía que no hiciera café nuevo dado el equipamiento que tenía en la cocina hasta que recordé cómo su abuela se quemó con el agua hirviendo. Él no lo recuerda, pero su cuerpo sí ya que cuando la olla salpica, salta hacia atrás con cara de horror.
Así que, desde que se mudó aquí, no hay café nuevo excepto cuando llegan los fines de semana. Hay una muchacha que viene a verlo y lo hace sonreír como si fuera un niño y la tragedia nunca lo hubiera alcanzado. Creo que hasta él se sorprende cuando se descubre tan feliz.
Pero hoy, sábado, está triste porque ella no vino y sus ojos negros están perdidos en el libro abierto que no está leyendo. En su mente, aparecen preguntas relacionadas con un boicot interno con el que vive luchando desde pequeño mientras intenta poner su atención en otra cosa, pero no es la primera vez que lucha con sus demonios internos. Son estos momentos en los que me encantaría acercarme, tocar tu mejilla y decirle que todo va a estar bien, que la vida le tiene una recompensa y que, al principio, no va a creerlo pero luego sí. Porque así funciona esto, nos golpean hasta que hay una mano amable que nos extiende una tregua que puede durar meses o años. Y su tregua está cerca, solo quiero que resista un poco más.
Entonces, sin alterar el curso del destino, bajo del sillón y mis cuatro patas se estiran en el mármol. Me mira y le maullo mientras muevo la cola, atrapando su atención. Sus ojos tristes me devoran, sin embargo, no me dejo ahogar y me acerco. Mi pelaje gris suelta pelusas que se pegan a su pantalón como si éste fuera un imán, y cuando llego a sus piernas, giro alrededor de éstas mirándolo con mis enormes ojos amarrillos.
Aguanta, quiero decir, pero en cambio muevo mi cola intencionalmente hacia dónde está su teléfono ya que sé que en meras horas recibirá un mail con una propuesta de trabajo en el lugar qué siempre quiso y hará oficio. Oh, también la muchacha está en camino con un paquete de granos de café para que prueben juntos y una hoja impresa, con las imágenes de ese departamento que él vio en internet hace unos fin de semana atrás y muy vergonzosamente no quiso preguntar, pero ella lo recordó y preguntó.
A veces pensamos que nadie nos escucha y nuestra lucha queda en nuestro pecho, sin salir. Hasta que viene alguien, tan suave que no nos damos cuenta, y nos dice: Te escucho, te recuerdo y estoy aquí con vos.


